jueves, 9 de mayo de 2013

Wayne's World

INTRODUCCIÓN:

Como gran aficionado al cine que soy, puedo decir que Mike Myers nunca me ha sabido llegar. Eso no quita que sea reconocido como una gran personalidad en el cine cómic (y en otros campos) pero el humor del que hacen gala sus películas siempre me ha dejado, como mínimo, indiferente. Las películas de Austin Powers, por ejemplo, rozan el ridículo en mi opinión, no las soporto. Sin embargo, hay algo que no me disgusta del principio de su carrera como actor: las películas de El Mundo de Wayne. Sin ser nada del otro mundo, si que tienen su punto de gracia y además tocan, aunque sea de refilón, el mundo del rock de aquella época (aunque no fuese precisamente la mejor), lo que les añade un punto extra de interés.

Adaptar éxitos de cine a videojuego es algo que estaba muy en boga durante el principio de los años 90, por lo que Wayne’s World, que así se titula la obra original, fue adaptado a múltiples sistemas, entre los que se encuentra nuestro querido cerebro de la bestia. Un intento de continuar las aventuras de Wayne en las consolas del hogar, sintetizando en un videojuego algunos de los mejores chascarrillos y secuencias de las dos películas que se hicieron. Si habéis visto ambas y ninguna de ellas os ha llegado a convencer del todo (como es mí caso) el videojuego no va a ser precisamente el motivo por el que vayáis a adorarlas.

TRAMA:

Seguramente porque la película llamó vagamente mi atención, decidí darle una oportunidad a este Wayne’s World de Super Nintendo, del que desconocía hasta hace poco cualquier dato. Gray Matter fueron el equipo de desarrolladores que creó las versiones de 16, una compañía relativamente desconocida y de la que se podría esperar nada bueno de primeras, si no fuese porque tiene en su haber un auténtico juegazo como es B.O.B. Al igual que las versiones para sus hermanas pequeñas, fueron distribuidas por THQ, otra compañía de dudosa reputación a la hora de dar una de cal y otra de arena en aquellos tiempos (también les he perdido la pista en la actualidad).

El humor absurdo y casi surrealista que vemos en las películas se ha plasmado bastante bien en el juego. Wayne y Garth son dos humildes y macarras colegas de barrio que deciden hacer un programa de información variada y humorística en el sótano de casa. Hablan de música, mujeres, fiestas… y videojuegos. Y es aquí cuando nos empiezan a contar la increíble historia que les ocurrió cuando jugaban a un juego llamado Zantar, el cubo gelatinoso. El propio juego absorbió a ambos, atrapándolos dentro de su aventura, siendo Garth capturado por el susodicho cubo gelatinoso. Wayne, con la ayuda de su guitarra lanza-ondas, debe rescatar a su mejor amigo recorriendo cuatro niveles.

GRÁFICOS:

Se saben comportar más o menos bien y en determinados momentos nos ofrecerán detalles y secuencias bastante curiosas, pero no son ninguna maravilla. El sprite de Wayne es enorme, está bastante bien animado y nos deleitará con muchas de sus poses y caras cómicas mientras se abre paso entre surrealistas monstruos que encajan más o menos con la temática de cada nivel y largas fases de estructura a veces complicada. Garth solo dará la cara en el final de cada fase, pero segundos después será secuestrado de nuevo, así que ya queda claro quien protagoniza la aventura. A los programadores les dio fuerte por imágenes digitalizadas, y ya el rostro del mismo Wayne lo está. También podremos encontrar muchas pantallas estáticas digitalizadas. Algunas están bien, pero por lo general estas no son de la calidad que podríamos esperar. Por ejemplo entre fase y fase, Wayne y Garth aparecerán charlando; la calidad de estas estampas es penosa.

El primer escenario es una locura, con guitarras que caen del techo, tambores sobre los que saltar más alto, gaitas y platillos asesinos, bafles electrificados… en fin, un entorno muy musical en el cual Wayne debe desenvolverse. Sin embargo, cuando alcanzamos el siguiente nivel, nos damos cuenta de que se repiten excesivamente los esquemas. La estructura sigue siendo igual de confusa y lo que antes eran tambores ahora, en un mundo “gastronómico” son envases de comida, y así ocurre en el resto de niveles. Tenemos también un gigantesco bar, que es mi fase favorita, y un colorido mundo lleno de personajes extraños y objetos cotidianos como farolas o buzones. En este último nivel es donde más cuidados han sido los gráficos, con un colorido bastante destacable, que se aleja de los tonos oscuros que se usan en el resto de fases.

Los sprites son de gran tamaño, tanto el del protagonista como el de los estrafalarios enemigos y partes del decorado de cada sitio, aunque algunos dan la sensación de no estar totalmente integrados en el mapa, que posee unos fondos aceptables con algunos sprites móviles que aportan la sensación de dinamismo que a veces falta en los lugares más vacíos. Todos los personajes están bastante bien animados, de forma bastante humorística (los testarazos de Wayne contra la pared son divertidos aunque poco agradecidos). Un apartado que, sin estar carente de ciertos detalles agradables, desaprovecha la ocasión de hacer algo más grande con el hardware de Snes. Imaginación no ha faltado, desde luego, pero sí algunas ideas más sólidas y, porque no pedirlo, un scroll menos brusco que no te haga darte de morros contra los enemigos cada dos por tres.

SONIDO:

A pesar de que la película es una especie de oda al rock’n’roll / metal, único aspecto disfrutable para los que somos aficionados a este género musical… pocos detalles he visto en el juego que me inciten a repetir este comentario. Quitando algunos enemigos (una cara sobredimensionada de Gene Simmons es uno de ellos) y elementos del decorado, poco más sirve de vínculo entre el juego y mi adorada música. Podemos escuchar guitarras eléctricas, sí, pero de una calidad bastante cuestionable. El estilo musical está más orientado al bajo, con piezas bastante funkies, y melodías un poco machaconas y aburridas, carentes de brillo. Hay de aquellas que no están mal del todo y consiguen ser uno solo con el ritmo del propio juego al avanzar, más guitarreras y rápidas, pero otras llegarán a cansar y no pegan demasiado con los escenarios. Al menos en el bar deberían haber sacado la vena rockera. De lo que si acabaremos hartos será del sonido de la guitarra, única arma del juego, al disparar sus ondas.

Dado que los enemigos pueden estar acechando en cualquier recoveco e incluso herirnos con sus disparos sin que ni siquiera los podamos ver en pantalla, lo mejor es disparar continuamente, lo que dejará la música en un segundo plano, siendo protagonistas únicamente los sonidos oscilantes de nuestras ondas, algo que acaba siendo bastante irritante cuando intentamos concentrarnos en los saltos o en esquivar. Además, tanto la pantalla inicial como las estáticas tienen la misma música, y esta solo cambia en cada fase, por lo que no encontraremos más de 5 o 6 melodías diferentes, una cifra escasa a todas luces, y más cuando estas son mediocres. La obsesión de los programadores por las digitalizaciones también alcanza al apartado sonoro, con varios de los sonidos que hace Wayne en la película. Es un detalle de agradecer para identificarse más con el personaje, pero si estas son de una calidad bastante regular, tampoco es gran cosa.

JUGABILIDAD:

No es extraño que en ciertos niveles el juego pueda recordar a todo un juego de culto del catálogo de Super Nintendo: B.O.B., ya que los desarrolladores que están detrás de ambos juegos son los mismos. Sin embargo, mientras que en el del simpático robot amarillo encontramos originales diseños de fases en cuanto a recorridos, trampas, etc. parece que en este Wayne’s World no estuvieron tan despiertos, a pesar de que ambos salieron en el mismo año. La dificultad de uno también se contagia en el otro. Los momentos de peligro y tensión son bastante parecidos en ambos y el avance del protagonista nos lleva por escenarios un tanto laberínticos en ocasiones. Pero desafortunadamente, ahí terminan las similitudes. El personaje de Wayne es enorme, sí, su animación es bastante buena y detallada, y su control, aunque tiene grandes lagunas, podría ser mucho peor. Muchas veces suele pasar que, cuanto más grande es el sprite, peor es el control. Si este fuese el caso, la aventura sería un auténtico calvario, ya que su dificultad es bastante elevada por norma general. Afortunadamente no lo es, y con un poco de práctica, aprendiendo los pormenores de los caprichosos andares de Wayne se puede mejorar exponencialmente con unas pocas horas de juego. El salto podría ser más preciso, a veces es difícil controlar la caída, pero tiene una especie de doble impulso que, si se aprende a controlar, nos salvará de más de un aprieto.

La primera experiencia puede resultar desalentadora con este plataformas de acción. Si no estamos acostumbrados, las 5 vidas de que disponemos se evaporaran sin darnos cuenta, pero si agudizamos la atención las trampas no nos cogerán desprevenidos. En el desarrollo, encontraremos varios ítems. Unos nos proporcionarán un ataque especial muy útil, mientras que otros cambiarán el disparo y potencia de nuestra guitarra. Es esencial recoger vidas y corazones, nuestro seguro de vida en el juego. Tampoco se han roto la cabeza en este sentido, el simple hecho de que no aporte novedad no molesta, pero sí la monotonía que nos embarga fase tras fase. Sin posibilidad de utilizar passwords ni salvar partida… puede pasar a ser una experiencia frustrante el pasarse el juego de principio a final sin descanso.

El sentido del humor, como he dicho antes, está presente en todo el juego de forma muy palpable, pero sobre todo en las secuencias no jugables, que recrean incluso momentos del film. La fidelidad con que se ha portado al videojuego será agradecida por los fans de la película (si es que existen).Menos mal que la mala leche que les han implementado a los enemigos queda suavizada a veces por algún golpe de humor, como la forma de perder todas las vidas de Wayne o los gritos que lanza cuando es herido. Con algo de paciencia y ganas puede llegar a ser mucho más disfrutable de lo que en un principio pensábamos ya que la primera idea que nos vendrá a la cabeza será abandonar el juego tras unos pocos y frustrados intentos de avanzar incluso en los primeros niveles.

CONCLUSIÓN:

Quizá la mejor película en la que ha participado Mike Myers tiene una adaptación a videojuego que no le va a la zaga. Esto tampoco es mucho decir… ya que ambos formatos carecen de la calidad necesaria para ser consideradas grandes estrellas en su campo. Super Nintendo tiene un magnífico y abundante catálogo de plataformas de acción / disparo, como para fijarse concretamente en este, pero se le puede llegar a tener cierto cariño si no lo comparas con los grandes títulos del género. La tensión que se acumula viendo como caemos una y otra vez casi sin darnos cuenta se ve compensada por los gags humorísticos, algunas escenas extraídas de la película y algunas fases más que curiosas, como la tercera.

No tiene porque ser un juego exclusivo para amantes de las películas, pero la única entrega que hubo para consolas reúne mucha de la esencia de estas dos. Además, la versión de Super Nintendo fue la única en cruzar fronteras americanas (aunque por otra parte, todos los textos están en inglés). Lo que muchas veces me pregunto es: ¿porqué juegos básicamente mediocres como este llegaron a todo el mundo y después hay auténticas obras de arte que no salieron ni de Japón? El mercado del videojuego es caprichoso, y a veces una licencia de una película de relativo éxito puede valer para engatusar a aquellos que deseen continuar la fiesta a los mandos de su consola. Como dice Wayne: ¡Marcha, marcha!, pero no genial.

- Lo Mejor Del Juego: Los gags de humor y los textos con bromas extraídas de la película son fieles a esta. Algunas escenas digitalizadas están bastante bien. La imaginación de algunas fases.

- Lo Peor Del Juego: Algunos sprites parecen desubicados, el scroll es muy brusco y eso perjudica al control. A veces es tedioso morir casi sin darse cuenta. No se puede salvar partida ni tiene passwords. Algunas digitalizaciones sonoras y gráficas dan pena. Hay enemigos cuyo diseño es horrible…

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