viernes, 19 de abril de 2013

NBA Jam Tournament Edition

INTRODUCCIÓN:

Desde que existen los sistemas de videojuegos caseros, sus usuarios siempre hemos anhelado poder jugar en nuestro salón por el módico precio de 0 euros a grandes máquinas que triunfaban en los recreativos. Ya desde los ordenadores de 8 bits (Commodore 64, MSX, Spectrum…) pudimos gozar de títulos como Out Run u Operation Wolf, cada una con sus pros y sus contras, pero en muchas ocasiones dejándonos un sabor agridulce. Era algo normal, debido a la diferencia de potencia del sistema. Conforme han ido sucediéndose las generaciones de consolas, esto ha ido mejorando una barbaridad, pero fue la llegada de los 16 bits la que empezó a traernos conversiones realmente identificables con el original en el aspecto técnico sin dejarnos a medias.

Si hablamos de recreativas revolucionarias, NBA Jam ha de ocupar un lugar preferente en la lista. Su frenético juego, su pasotismo respecto a la mayoría de las reglas de juego y su afán por el espectáculo hacía que las masas se agolparan deseando pulirse su escasa paga en la máquina. Y por supuesto, cualquier poseedor de una Snes o una Megadrive deseaba ansioso la llegada del día de poder jugarlo en casa, pese a que estaba basado en una placa bastante potente (en su día). En aquellos tiempos no éramos tan conscientes de las diferencias entre recreativa y conversión, pero la espera sin duda valió la pena, ya que las sensaciones entre el original y cualquier versión eran muy similares.

TRAMA:

Si espectáculo es una palabra que siempre ha definido a la perfección a la liga de la NBA, por encima de cualquier otra liga del mundo, también es un término apto para definir este juego. A lo mejor os extraña ver un análisis de este NBA Jam Tournament Edition en lugar del original, pero por esta vez he decidido hacerlo así, ya que ambas partes del juego son idénticas salvo en minúsculos detalles, pero este Tournament Edition añade suculentas mejoras y ventajas respecto al original sin cambiar absolutamente nada de lo que es el juego en sí, que es lo verdaderamente importante. Sobre la cancha nada cambia, es difícil incluso notar alguna diferencia en gráficos o animaciones. Es exactamente lo mismo, pero mejor.

Poseer la licencia oficial de la NBA, algo de lo que muy pocos juegos podían presumir, le hizo escalar peldaños rápidamente. Los que no éramos muy aficionados al deporte no le dimos tanta importancia como los que sí lo era; para ellos era uno de los mayores alicientes. Jugadores míticos como Hakeem Olajuwon, Patrick Ewing o Scottie Pippen (uno de los más recordados y queridos) enfrentados en partidos al margen de las reglas, dándose de puñetazos y empujones para poder realizar mates que se evaden de toda realidad en pos de unos espectaculares saltos más allá del límite superior de la pantalla.

GRÁFICOS:

Este es el lugar más adecuado para hacer ligeras comparaciones entre la primera y segunda parte en versión recreativa (aunque el juego que nos ocupa sea el de Super Nintendo tampoco está de más), las dos partes domésticas y por supuesto, aunque sea algo injusto, entre las recreativas y las conversiones, que fueron para Super Nintendo, Megadrive, Game Gear, Game Boy y Mega CD. La primera parte en recreativa ofrecía una velocidad casi sin límites, con una fluidez impresionante de los jugadores en pista. Su apartado gráfico fue uno de los que más impresionaron. Su segunda parte aumentó incluso esa fluidez y dinamismo en la cancha, aunque su mayor aportación fueron las novedades en otros campos, al margen de nuevas pantallas de presentación, en los descansos… detalles casi irrelevantes.

Entre las conversiones para consola (me centro, ahora sí, en la de Super Nintendo que es la que he jugado a fondo) la del cerebro de la bestia fue sin duda la mejor de ellas. Entre su primera y segunda parte destaca curiosamente un ligero, aunque casi inapreciable, descenso de la velocidad en Tournament Edition, a favor, supongo, de sus muchos añadidos, como un jugador más por equipo (haciendo un total de tres, con seis combinaciones posibles) y los ítems y efectos que se podían conseguir si se jugaba en el modo libre (no en modo torneo), además de toneladas de jugadores secretos, entre ellos clásicos como Larry Bird o incluso programadores del equipo de desarrollo del cartucho, que no fueron incluidos en la recreativa original.

Las diferencias más notables, obviamente, vienen al comparar la coin-op con la versión casera, aunque vista desde el tiempo fue un gran port, conservando su auténtica esencia salvaje. El detalle y el brillo en los atuendos de los jugadores prácticamente ha desaparecido, las animaciones han sido bastante recortadas y las digitalizaciones han perdido un poco de definición, aunque siguen estando a gran nivel (y más contando el número de estas). Lo que más se nota ya en la cancha de juego es el efecto zoom que tenían los jugadores según estuvieran al frente o al fondo de la cancha pero, según sus propios programadores, los sistemas no daban para más. Aún con todo, las pistas continúan conservando esos reflejos en el suelo y esa suavidad de movimiento. Los jugadores, aunque algo más canijos, siguen estando muy bien animados y se ha aumentado el número de mates y la facilidad para ejecutarlos. Los espectadores, tanto en las gradas como los que se observan tras las canastas siguen estando presentes.

SONIDO:

Se agradece, al igual que ocurría en el original, que los partidos sigan siendo escenario exclusivo para los efectos de sonido. La música tan solo irrumpe en ellos en el momento en que termina cada una de las cuatro partes. De esta poco hay que decir, tan solo comprende 5 o 6 temas distintos, todos bastante parecidos, en una onda marcadamente funky muy apropiada para este tipo de partidos tan macarras y 100% americanos. Presentación, menú, descansos y final… son prácticamente sus únicas oportunidades de protagonismo, bastante escaso en general, pero como ambientación no está mal, no desentona. Tampoco necesita más el juego, aunque podrían haber incluido alguna que se desmarcara un poco del resto. Decir que la banda sonora de ambas partes del juego cambia en temas, aunque el número de estos sigue siendo parecido y el estilo también muy similar.

Sin embargo, la historia es muy distinta si analizamos el apartado desde el ángulo de los efectos sonoros que, como también es lógico, son los auténticos protagonistas del partido en este apartado. El bullicio del público está presente en cada acción importante, canastas y robos, aunque en verdad se echa en falta un mayor protagonismo y más energía, o los cánticos ocasionales de la versión original. Los chirridos en la pista son bastante creíbles, pero si hubo algo que realmente, junto con su explosiva jugabilidad, hizo triunfar a la máquina fueron las voces del comentarista. En esta ocasión, aparece en momentos determinados, con un estilo muy americano y bromista, con multitud de frases distintas, aunque ya no se nombre a los jugadores más carismáticos o se hayan profanado clásicos como el desternillante “boom shakalaka” (algo imperdonable). Y por cierto, no se si mis oídos se han vuelto locos, pero a pesar del tijeretazo que se le dio a la conversión en número de frases, noto que el sonido de la versión Super Nintendo es más nítido y claro incluso que el original.

JUGABILIDAD:

Donde realmente se aprecia el trabajo de los grafistas, y programadores en general a la hora de hacer pequeños recortes respecto a la recreativa. Gracias a ellos se pudieron conservar los tres jugadores por equipo, la fluidez en la cancha, la rapidez de las acciones de juego y sobre todo, los apoteósicos y bestiales mates destroza-canastas (aunque hacer trizas el aro es otra de las cosas que se han eliminado por desgracia) el santo y seña de esta saga de juegos que hoy día sigue creciendo con bastante acierto y fortuna en las consolas de última generación. Personalmente, me dio igual que el zoom hubiese desaparecido, o que el aspecto de los jugadores fuese más plano y la animación flaquease ligeramente, desde el momento en que podía elegir un equipo que conservaba los nombres y rostros oficiales, salir al campo y echarme unos mates que desafían toda lógica, con la espectacularidad que todo ello conlleva. A nivel de opciones incluye unas cuantas más que su primera parte, como anular el modo torneo. De esta forma no podremos prosperar como equipo, guardando las victorias y derrotas para conseguir vencerles a todos, pero por otra parte vamos a disfrutar de la cara más desenfrenada del juego.

Es, realmente, la mayor y mejor novedad, y la razón de ser de este Tournament Edition. Al desactivar el modo “oficial” seremos testigos de la aparición en el campo de varios ítems y zonas especiales. Con los ítems, que desaparecen tras unos escasos segundos, podemos incrementar ciertas características de nuestros jugadores, como empujones más bestias, mates más espectaculares y desde fuera del área y fuego perpetuo para el balón mientras dure el efecto del ítem, sin que haya necesidad de anotar tres tantos seguidos con el mismo jugador para lograrlo. Este concepto tuvo mucho impactó en su día. Trasladar literalmente el efecto de estar caliente (estar “on fire”) a la realidad del juego supone portar un balón incandescente, lanzar unos tiros casi infalibles, gran probabilidad de robo y a la hora de interceptar balones y turbo infinito, otro de los conceptos diferenciadores de la saga, una pequeña barra que podremos usar a nuestro antojo y nos proporcionará más rapidez y más resistencia mientras no se agote.

Como veis NBA Jam introdujo una serie de ideas totalmente nuevas, que revolucionaron por completo un género entero, sin que haya dejado de ser inspiración para títulos venideros, que han cogido de este algún elemento. Dos jugadores por equipo, juego rápido y desenfrenado, muchísimos mates estratosféricos, pases extremadamente veloces, muchas trampas y muy pocas reglas. De hecho, las únicas que coinciden con el reglamento original son la de intercepción del balón en su camino a la canasta, los descansos o el límite de tiempo de posesión. El balón nunca sale fuera de la pista y no hay faltas, lo que propicia un modus operandi sin contemplaciones. En cuanto aprendas la mecánica al dedillo de NBA Jam T.E. te será fácil ganar los partidos, pero si lo haces en modo torneo, pronto descubrirás otros alicientes y retos que le darán longevidad al juego.

CONCLUSIÓN:

Ahora, tras muchos años jugando con él y pudiendo disfrutar de la recreativa en casa mediante emuladores es cuando mejor se puede comparar las diferencias de original y conversión. Desde el punto de vista técnico es interesante poder ver las limitaciones, pero también puede ser que reste magia, así que prefiero recordar el día que cayó en mis manos la versión de Super Nintendo que, pese a no ser una conversión “pixel perfect” (ninguna lo fue realmente) ofrecía toda la celeridad y espectáculo que este mismo juego introdujo en el género de los juegos de basket. Todo el dinero invertido en recreativa y todos los ruegos por poderlo jugar algún día en casa dieron sus frutos.

El tiempo invertido en él demuestra que la duración del juego puede ser casi tanta como uno quiera. El enorme número de secretos que guarda, incluyendo decenas de personajes secretos (como podéis ver en el mural de creación propia que he puesto aquí abajo), ventajas extra, sprites inéditos en el original, etc.… no es más que uno de sus añadidos especiales. El modo al que más tiempo dedicaremos seguramente es al libre, con sus power-ups y sus zonas para encestar balones de hasta 8 puntos, lo que puede desequilibrar cualquier resultado. Una experiencia frenética, de poco pensar y mucho actuar y una alternativa a los simuladores de este deporte: diversión pura y directa.


- Lo Mejor Del Juego: Diversión fugaz desde el segundo 1. El nuevo modo que introdujo es un completo desfase. Mates brutales. Una experiencia tan potente como en recreativa.

- Lo Peor Del Juego: Obvios recortes técnicos debido a la diferencia de potencia. El balón en tierra de nadie es muy difícil de coger es casi imposible robarlo "por las buenas".

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