lunes, 21 de enero de 2013

The Ignition Factor

INTRODUCCIÓN:

El fuego en general y los incendios en particular no son un juego. Ya sea por la mano del hombre o por otros motivos, causan muchas muertes al año, daños materiales irrecuperables y catástrofes ecológicas de lo más destructivo. Sin embargo, a los señores de Jaleco, en todo un arranque de creatividad, se les ocurrió que los incendios podían ser los co-protagonistas de un videojuego junto con un valiente grupo de bomberos que se encargará de extinguirlos por los más variopintos escenarios, algunos más habituales que otros donde se puede producir un incendio descontrolado. Y por si no fuese bastante atrevimiento la simple idea, encima todo está rodeado de cierto sentido del humor y “mala leche” para alejar en la medida de lo posible la faceta trágica de estos sucesos.

Pero a pesar de que la idea pueda parecer totalmente única, cosas que pasan en el universo de los videojuegos, en el mismo año apareció otro juego de casi idéntica temática, también protagonizado por bomberos, llamado The Firemen, pero ahí quedó la cosa (¿un caso de competencia muy agresiva o directamente copia descarada?). Este Ignition Factor que nos ocupa ahora nunca llegó a tierras europeas, solamente fue distribuido en Norte América poco más tarde de su lanzamiento en Japón. Eso sí, podemos disfrutarlo en la consola virtual de Wii en uno de esos insólitos esfuerzos de Nintendo por llevar a todo el mundo juegos que son bastante desconocidos como es el caso.

TRAMA:

Tomamos el control del bombero protagonista que será el encargado de realizar las tareas más duras y arriesgadas como si de una prueba de fuego (nunca mejor dicho) se tratase. Como apoyo tendrá al resto del equipo, formado por 4 compañeros que le asistirán en sus necesidades, como conocer el siguiente paso de la misión vigente o aprovisionarle con recargas de extintores, explosivos, cuerdas… y en definitiva, cualquier objeto que pueda serle necesario para rescatar al mayor número posible de personas atrapadas en el incendio y sus objetos personales, como tarjetas-llave, importantes documentos o una obra de arte. Apagar incendios será, lógicamente, algo fundamental para salvar vidas o abrirnos paso a nuevas estancias, pero debemos también racionar las cargas.

A lo largo del juego nos daremos cuenta de que la originalidad no solo deja huella en su propia mecánica, sino que también lo hace en el argumento. Por lo visto, los personajes que aparecen en escena son conscientes de que son parte del “rodaje” de un videojuego como si de una película se tratase, lo que resta drama y añade un aliviador toque humorístico con chistosos mensajes de vez en cuando o graciosas entrevistas en las que el protagonista no hace más que quejarse del guión o los diálogos. Según he leído en alguna parte, los programadores tomaron la idea general y muchas ideas en particular de la clásica película Llamaradas.


GRÁFICOS:

El juego va ganando enteros de forma exponencial conforme avanzamos en él. La sosa fábrica metalúrgica del comienzo va dando paso a otras fases cada vez más agradables y atractivas a la vista, pasando por grandes momentos como un gigantesco museo de la prehistoria de tres plantas (mi lugar preferido) con gigantescos dinosaurios que pueden llegar a ocupar media pantalla, un edificio de ricachones plagado de ostentosidad o un delirante laboratorio con monstruos mutantes incluidos, muy a pesar del sentido de la lógica. En la mayoría de ellos encontraremos una decoración muy acorde al entorno, con gigantescas figuras en el caso del museo, pero siempre con un colorido destacable y algún efecto a veces interesante, como el filtro gráfico usado en las fases que transcurren en las agobiantes minas y que simula una contaminación del aire provocada por gas.

La ardiente pantalla de título ya nos avisa que vamos a ver fuego, mucho fuego en nuestra aventura. Los escenarios están rodeados por este, pero también en ciertos puntos se encuentran personas que agonizan pidiendo desesperadas un rescate. Junto con algunos elementos más, y salvando los propios escenarios y sus elementos, estos son básicamente los sprites que vamos a encontrar, todos con un tamaño más que aceptable. Da la impresión de que las animaciones podrían haber sido mucho mejores. En el caso del fuego, quizá las limitaciones gráficas de la época no daban para mucho más, pero nuestro protagonista debería haber sido premiado con animaciones al correr y al saltar mejores y menos robóticas, al igual que las personas que encontramos, aunque sería injusto castigar a este apartado solo por esto, ya que tiene detalles muy interesantes, sobre todo en los escenarios.

La perspectiva y los niveles de experiencia que puede ganar nuestro protagonista (básicamente para aumentar la cantidad de vida) pueden confundir, pero Ignition Factor no tiene nada que ver con el género RPG. También podría llevar a engaño el hecho de que haya que buscar objetos y atender a ciertas pistas que se nos dan para completar las misiones. A la hora de buscar los ítems ocultos que engordarán nuestra puntuación al final de cada fase, debemos andarnos con cuidado y sobre todo mucha
memoria ya que estos no son visibles, pero siempre están en el mismo sitio, normalmente rodeado por fuego u otros obstáculos. El fuego concretamente puede ser de tres colores distintos, lo que indica la naturaleza de este y nos indica que extintor hemos de usar para hacerlo desaparecer. El chorro que producen estos está muy bien representado. Una curiosidad muy divertida, atención a la pelea que se ve en una habitación cerrada en la fase de bonus: todo un homenaje a los muchos beat’em-ups de Jaleco.

SONIDO:

¿Qué es lo que podemos esperar encontrarnos en lugares envueltos en llamas? El desesperado sonido de las botas al correr, el temible sonido del fuego al extenderse, las explosiones o el casi incesante fluir de nuestra manguera son algunos de los más típicos y que nos acompañarán en todo momento. En el caso de los pasos, se diseñaron sonidos para distintas superficies, como las metálicas o las mojadas. También encontramos, aunque no es demasiado frecuente, voces digitalizadas de calidad media. Algunas serán de agradecimiento, otras simplemente serán gritos de prisa o de alerta. Su presencia es casi anecdótica, pero es un buen detalle, al igual que el clamor de la gente al terminar nuestra misión. En momentos concretos, también toparemos con efectos de sonido originales, como la electricidad del generador en la fábrica de electrodomésticos.

Empiezo hablando de los efectos sonoros porque del apartado puramente musical hay bastante poco que decir. La necesaria tensión que se le exige a un juego de estas características, donde el protagonista se juega la vida en cada habitación, existe, pero en muy pequeñas dosis. A medida que el tiempo del que disponemos va agotándose, iremos recibiendo avisos por voz al mismo tiempo que una corta melodía nos pone de los nervios y nos indica que nos quedan pocos minutos. No todas son tan escuetas. Durante la presentación de cada misión o como despedida durante el final, sonarán temas más largos, aunque nada destacables. El juego prefiere crear una ambientación silenciosa, dejando que el sonido de los distintos elementos forme su apartado musical. Esto a veces deja algo vacío el apartado musical, pero en otras crea una ambientación perfecta, como en el caso de las minas, que sin llegar a ser una melodía como tal, si que ofrece sonidos profundos, goteos y golpes con eco muy adecuados.

JUGABILIDAD:

Tal vez The Ignition Factor no sea el juego que esperamos en un principio. A la vista de las pantallas, se diría que es un juego muy dinámico y lleno de acción. Todo esto acaba llegando más temprano que tarde, pero es algo que cuesta de entrar. Acción encontramos, sí, pero nos costará un poco adaptarnos a la mecánica del juego para poder disfrutarla. Los primeros minutos serán algo confusos y si no se dispone del manual original, más todavía, ya que conoceremos tan solo a duras penas nuestros objetivos. Y claro, no todo va a ser apagar fuego tras fuego. El rescate de un número mínimo de personas en cada fase es algo crucial. No se nos dará por superada
dicha fase si no hemos salvado las vidas exigidas, aunque por norma general el número de personas que hay en cada lugar supera el mínimo requerido. De nosotros depende. Cuantas más personas salvemos, mayor puntuación obtendremos, y esto también se aplica a los objetos ocultos diseminados por el escenario. Eso sí, cuidado porque el tiempo es otro de nuestros mayores enemigos, sobre todo tirando hacia el final, donde tendremos solo unos escasos minutos para rescatar a varias personas en instalaciones cada vez más grandes y laberínticas.

En el caso de la última mina, por ejemplo, hay que tomarse el juego como si fuese uno de memoria incluso de inteligencia, ya que el tiempo no va a permitirnos prácticamente ningún fallo. A fuerza de intentarlo, la única forma de llevar a buen puerto ciertas misiones será aprendernos el mapeado casi de memoria, así como la localización de los objetos invisibles y con ayuda del mapa ir directo a nuestros objetivos. El mapa es muy necesario en los primeros intentos, aunque al principio se echa de menos una leyenda que indique qué es cada uno de sus elementos. Antes de salir al “campo de batalla”, se nos pedirá que elijamos los objetos que queramos llevar encima (se nos dan algunas pistas de cuales van a ser los necesarios). El protagonista puede correr y saltar, pero estas habilidades pueden verse mermadas si cargamos excesivamente el inventario de los objetos.

Por suerte, nos damos cuenta de que por otra parte el juego es relativamente benevolente. Si no cometemos demasiados errores, nos sobrará tiempo para encontrar a todas las personas / objetos y salir ilesos del edificio en cuestión. No es un juego excesivamente largo ni difícil, pero sin embargo es de los que invita a rejugar ya que, aparte de ser muy divertido una vez se ha captado su mecánica al 100%, también están los objetos ocultos, que nos obligarán a pisar cada rinconcito de sus mapeados.
Jugarse la vida entre llamas, escombros y edificios cayéndose a pedazos nunca fue tan adictivo, superando con mucho nuestras expectativas iniciales. Además de los objetivos principales de cada fase, puede que se nos encomienden también ciertas misiones en cierto momento de la fase, como encontrar a alguien en particular o salvar de las llamas cierto objeto concreto, misiones que pueden variar aleatoriamente pero que añaden un buen reto y más emoción, incluso llegando a cambiar (mínimamente, eso sí) la estructura de ciertos lugares.

CONCLUSIÓN:

Correr y saltar por estructuras metálicas, derribar paredes afectadas y sortear el vacío ayudados por una cuerda son otras acciones que nuestro bombero protagonista podrá ejercitar, siempre con un objetivo en la mente: salvar vidas humanas y, si es posible, algunos de sus objetos materiales más preciados, siempre teniendo en cuenta que hay que abandonar el edificio antes de que este se colapse. Para ello contaremos con distintos tipos de extintores y herramientas. La realidad se traslada aquí de forma bastante fiel, pero añadiéndole cierto toque de humor siempre bienvenido en un videojuego. Cierto componente estratégico también está presente: hay que recorrer los lugares en el mejor orden posible para que el tiempo no se consuma antes de escapar.

Después de haberlo terminado un par de veces, la última con fase secreta incluida, me ha dejado una impresión bastante grata. Quizá destacaría los entornos por donde sucede la acción, bonitos y llenos de color. Ciertos detalles como el paseo en barca o los mutantes también son divertidos y agradables. Al principio hay que poner algo de voluntad para que su lenta mecánica enganche, pero todo va mejorando a pasos agigantados hasta el punto de que es realmente difícil quitar el juego sin saber que es lo que nos deparará la siguiente fase. Una gran alternativa si se quiere vivir la película llamaradas en otro medio y desde otra perspectiva.

- Lo Mejor del Juego: Los escenarios son bonitos y variados, a veces ligeramente interactivos y con sorpresas muy agradables. La mecánica engancha. Tiene sus secretillos.

- Lo Peor del Juego: El control debería haberse pulido más. Es muy frecuente que nuestro protagonista acabe sobre las llamas al correr. La ambientación musical cojea bastante.

2 comentarios:

peta dijo...

a sido ver el logotipo de jaleco y recordar la animalada de horas que me pase jugando a dobles al rival turf (una especie de final fight del cual bebe incluso en demasia)
de este juego no sabia nada la verdad, aunque me llama la atencion, lo probare un dia de estos

JaviMetal dijo...

¡Hombre! ¡Mi queridísimo Rival Turf! Yo también le dediqué una barbaridad de horas, era un juego muy auténtico. Incluso superaba a la conversión de Final Fight en mi opinión. Entre otras cosas por el modo dos jugadores imprescindible en este tipo de juegos.

Jaleco fue una compañía con lanzamientos de calidad bastante irregular para Super Nintendo. Algunos un tanto olvidables como el mediocre Tuff E Nuff y otros buenísimos como King Arthur's World, Rival Turf o este Ignition Factor, de calidad media-alta.

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