domingo, 9 de diciembre de 2012

The Legend of the Mystical Ninja

INTRODUCCIÓN:

Los primeros minutos que tuve de juego con este The Legend of the Mystical Ninja, no estaba demasiado seguro de si su análisis debía aparecer en este blog de Super Nintendo o correspondía más bien a mi Pequeño Rincón de los RPG. Elementos RPG no le faltan, desde luego, desde la subida de atributos conforme avanzamos y recogemos ítems hasta la perspectiva utilizada en las fases de Scholl horizontal con vista desde arriba. Pero tras unas cuantas horas, haciendo una valoración más ajustada, el juego ofrece tanta variedad que estos elementos quedan al mismo nivel que muchos otros, es decir, una muestra de lo sorprendente y variado que puede ser, ni más, ni menos importante que el resto.

En Japón viene a ser toda una eminencia este Ganbare Goemon, ese chaval de pelos azulados con vestimenta típica japonesa y que se sirve de armas como una especie de pipa de fumar o un extraño yoyo de ataque para librarse de cuantos enemigos se interponen en su paso. Pero aquí, en occidente, no lo es tanto. De hecho, precisamente fue el juego que nos ocupa el que abrió la puerta a la saga al viejo continente. Le siguieron remakes, reediciones e incluso un par de fabulosas aventuras para Nintendo 64 altamente recomendables. Pero este The Legend of the Mystical Ninja para Super Nintendo fue el primero, y aunque el resto de títulos para la consola no siguieron su camino, no se pudo haber elegido un mejor exponente.

TRAMA:

En casa de Goemon, su fiel compañero Ebisumaru le comenta la existencia de un fantasma con apariencia de hermosa muchacha que está aterrorizando a todo el templo de la ciudad. No tiene demasiado que ver con lo que iremos descubriendo posteriormente de la trama, pero es un buen motivo para ambos socios para empezar una nueva aventura. El argumento poco a poco va tomando otro camino: el del secuestro de la princesa Yuki ha sido secuestrada a la fuerza por la famosa y temida banda de los ninjas Otafu, el ejercito de luchadores más gamberro y peligroso del país, con lo que una historia que bien se habría podido transformar en un relato de terror, no deja de ser el clásico cuento de la princesa retenida en alguna fortaleza esperando a su héroe para ser rescatadas. Eso sí, hecha con tanto gusto y cariño que no nos resultará la típica historia mil veces contada.

Se podría decir que es un juego “muy” japonés. Por eso, los elementos que participan en la narración son ninjas, princesas, templos, maestros de artes marciales…y muchos, muchos golpes. Al final de cada fase o capítulo, aparece un texto que nos indica cual van a ser los próximos pasos de nuestro protagonista o protagonistas (si jugamos con algún compañero). Es una ligera explicación de cómo sigue el argumento, la búsqueda de pistas y la acción a diestro y siniestro contra nuestros enemigos serán cosa nuestra. Me ha gustado mucho la recta final, en la que no todo es lo que parece y los títulos de crédito todavía se harán de rogar.

GRÁFICOS:

Ah… pura nostalgia me produce este juego. Pero no el tipo de nostalgia que me recuerda épocas pasadas de mi vida, sino un sentimiento que se relaciona estrechamente con el hecho de la evolución de los videojuegos. Cuando veo cualquier pantalla de la aventura, con sus gráficos coloristas, brillantes y nítidos… viene a mí la sincera impresión de estar disfrutando con un título que porta en sí mismo la verdadera esencia de lo que, en general, supuso la grandiosa época de los 16 bits. Diversión pura hecha con unos cuantos píxeles. Avalanchas interminables de enemigos cegados en
acabar con nosotros, ítems por doquier, puntuaciones, clásica barra de vida… cualquier elemento de los que muchos echamos de menos hoy en día se reúnen en este juego que nos lleva por distintas fases ambientadas descaradamente en el Japón más puro y tradicional, con sus casas de madera, sus bosques cercanos a los pueblos y el diseño de las vestimentas de cualquier personaje. Al cruzar cada puerta, los interiores, sencillos pero coquetos, nos reservan siempre alguna sorpresa de las que ya habrá tiempo de hablar.

Puede que no use espectaculares técnicas gráficas avanzadas como las que podíamos ver en los juegos pertenecientes a la recta final de la vida de la consola; sus mayores armas en este sentido son los resultones efectos en modo 7 que aparecen en varias fases, rotando la pantalla, alejando o acercando enormes monstruos o también algunas rutinas de ghost layering que le dan a ciertos momentos (como las tenebrosas pantallas de alguna ciudad) una ambientación fantástica. Sin embargo, en referencia al principio de este párrafo, tan solo con ver su colorido tan nítido y alegre y la variedad de escenarios y lugares que visitaremos, ya se habrá ganado nuestra atención y algo más, nuestra curiosidad por no dejar de avanzar para ver qué nos depara ya que prácticamente se puede decir que no hay dos fases iguales.

La temática de los entornos si que puede resultarnos parecida, pero en ningún caso se puede decir que las fases tengan un desarrollo repetido o idéntico unas con otras. Los omnipresentes pueblos, que cada vez van siendo más extensos, dan paso a multitud de pruebas distintas para que la capacidad de sorprendernos no cese. Además, dentro de este apartado podríamos citar como curiosidad los guiños que hace el propio juego a leyendas del pasado, como el tramo de cierta fase, calcado al principio de Ghost and Goblins o ciertas fases de acción que recuerdan a Shinobi (aunque por la estética similar, esto puede ser más una opinión propia). A parte de todo esto, la simpatía y el buen humor están siempre presentes en el diseño.

SONIDO:

Conociendo la clara inspiración en motivos orientales de Konami en esta saga, muy raro hubiese sido que Mystical Ninja no contara en su haber con un buen puñado de temas compuestos en base a la cultura japonesa. Y nunca mejor dicho, un gran puñado de temas. Porque cada fase se divide en varios escenarios distintos y en cuanto veamos cambiar el entorno de cada uno de ellos, ahí estará de repente una nueva música, para que su banda sonora nunca nos sepa repetitiva a pesar de la fuerte obsesión casi monotemática que tiene con el folclore musical del país de donde salió. Sin embargo, la gracia está en la variedad. Porque todos los temas pueden tener ese regustillo oriental, pero hay que separar entre temas de acción, o composiciones más aptas para momentos tristes o tétricos. La primera que llega a nuestros oídos, por ejemplo, sencillamente fantástica. Es importante empezar cualquier juego con una sonrisa, especialmente si se trata de uno tan desenfadado como este.

Sin duda es algo que aquí se ha conseguido de pleno. Las melodías saben transmitir de calle toda esa simpatía de las animaciones, de los decorados y del diseño de algunos cómicos personajes o enemigos, pero también saben, sin salirse de su estilo, acompañar fielmente cada momento como se requiere. Y a pesar de que no es la música a la que estamos acostumbrados en nuestra cultura, son peligrosamente adictivas a las pocas escuchas, y eso es complicado también por la enorme cantidad que el juego nos ofrece. Quizá el único pero sea que muchas tienen un ciclo demasiado corto y se repiten bastante. Ya tenemos dos apartados que nos pondrán de buen humor, los gráficos y su esplendoroso colorido y su banda sonora repleta de simpáticas partituras. También podemos encontrar su puntito de nostalgia cuando hagamos un parón en la aventura y gastemos 100 monedas en una partidita al mítico Gradius.

JUGABILIDAD:

Sencillez de control y acciones y una mecánica rápida y de fácil avance son algunas de sus características más superficiales, de las que saltan a la vista sin esforzarse mucho. Avanzar entre oleadas de enemigos cuya aparición es constante. Solo con decir esto podríamos pensar tanto en un shoot’em-up como en un plataformas al uso, pero esta pequeña joya de Konami es mucho más que todo eso junto. A pesar de ser básicamente un juego de acción / aventura (si es que realmente se puede clasificar en algún género concreto…) donde manejamos a Goemon y a Ebisumaru (llamados Kid Ying y Dr. Yang en occidente) a pie por los barrios del Japón clásico, no se puede negar la
influencia que ha recibido de casi todos los géneros existentes por aquella época en el mundo de los videojuegos (que eran muchos más que ahora…). El shoot’em-up está claramente representado en la mecánica misma, donde bandadas de graciosos enemigos con sombreros japoneses, pescadores con su captura en brazos o soldados militares con ordenes de disparar a matar (todo ello bajo un influjo totalmente oriental) se abalanzarán sin descanso hacia nosotros, incluso algunos nos dispararán, con lo que habremos de esquivar y matar. ¿No es esa la esencia misma de un juego de disparos?

No acaba aquí la cosa. Tras lo descolocados que nos pueda dejar su perspectiva y estilo RPG del principio de muchas fases, estas van cambiando a medida que se avanza. Podemos vernos repartiendo palos por un rural barrio japonés donde prima también la exploración para, al pantallazo siguiente, encontrarnos bajo una catarata que deberemos escalar siguiendo las premisas de un juego puramente plataformero con todos sus elementos. Y esto no es todo. Porque cada tienda que visitemos puede ser una grata sorpresa, y encontrarnos minijuegos de trivial (mis favoritos), de apuestas o ya el despiporre máximo, la recreativa íntegra e idéntica del genial Gradius para disfrutarla tantas veces como nos permita el dinero. De hecho, la lástima es que se queda uno con la sensación de no poder disfrutar plenamente de cada uno de los minijuegos debido a dos factores: la escasez de dinero si no invertimos mucho tiempo en ganarlo, y la rapidez con la que pasa el tiempo, obligándonos a avanzar relativamente rápido.

A veces tantas posibilidades nos dejan incluso desorientados, y no sabremos exactamente en que invertir el fugaz tiempo: ganando dinero (imprescindible, por otra parte), mejorando nuestro equipamiento de defensa o aumentando nuestro poder con los pergaminos que dejan algunos enemigos al morir. Con todo, en algunas fases se nos exige algún pequeño objetivo que requiere darle prioridad a alguna de nuestras tareas. Curiosamente, hasta bien avanzado el juego, su dificultad es relativamente baja, podremos avanzar fácilmente con no más de uno o dos sobresaltos pero, atención, en las últimas dos o tres fases la cosa cambia radicalmente, sobre todo en los trozos plataformeros, donde los saltos han de ser milimétricos y nuestras acciones rapidísimas, poniendo al límite nuestra habilidad y paciencia, también con los final boss correspondientes.

CONCLUSIÓN:

Más de uno se sentirá sorprendido con The Legend of the Mystical Ninja. Pocos juegos dan la sensación de que, cuando lo juegas, la experiencia es exactamente igual a lo que se podría imaginar al ver, por ejemplo, imágenes estáticas en alguna publicación. Sin embargo, esto no quiere decir que la aventura no de lugar a la sorpresa casi constante, de hecho, es justamente lo contrario a lo que sucede. Cuando nos hayamos hecho la idea de que vamos a tener acción con vista aérea para rato, tendremos que entrar de lleno en una fase hasta los topes de plataformas, que una vez superada nos conducirá a otra donde se requiere cambiar de nuevo el chip.

El juego destila genialidad por los cuatro costados. Si sus gráficos simplistas pero con un encanto arrollador no terminan de conquistarnos (cosa muy difícil), las melodías harán el resto. Cada una tiene una personalidad muy propia y una facilidad pasmosa para pasar a ser la banda sonora de nuestra cabeza durante todo el día. Más vale que disfrutemos de las primeras fases con la sencillez que ofrecen, porque de cara al final, todo va a ser realmente complicado. Enemigos más tediosos (especialmente los que lanzan objetos), lugares más extensos y plataformas más diabólicas se encargarán de que la recta final sea nuestra peor pesadilla, pero con esa alegría a raudales que inspira el juego solo con mirarlo… ¿quién puede resistirse a él?

- Lo Mejor Del Juego: La personalidad de todos sus apartados a pesar de no andarse con enredos técnicos. Su sencilla mecánica es sublime y divertidísima, arropada por una variedad realmente increíble.

- Lo Peor Del Juego: La diferencia entre tener los atributos al máximo y tenerlos al mínimo es demasiado cruel. La dificultad de algunos tramos finales desbancará nuestra paciencia.

2 comentarios:

peta dijo...

gran juego me lo dejo un amigo en su dia sin que me sonara de nada el juego, eso hizo que no esperara gran cosa pero al final me vicie cosa mala, aun que admito que no me lo llegue a pasar

JaviMetal dijo...

Que tal peta, me alegro de verte también por aquí :)

Este es un juego ciertamente muy atractivo. Entra por la vista por su colorido y su sencillez de manejo, aparte de la gran variedad de minijuegos y escenarios. Lo que sí me sorprendió es el tremendo salto de dificultad que da en las últimas fases, a mí me costó mucho de terminar.
Un saludo.

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