martes, 13 de noviembre de 2012

Bubsy in: Claws Encounters of the Furred Kind

INTRODUCCIÓN:

Hace ya varios meses que publiqué mi último análisis de un juego de mi querida Super Nintendo. Mis otros dos blogs han sido unas amantes exigentes y me han pedido demasiado tiempo como para que pudiese dedicarle algo a este Cerebro de la Bestia. Pero hablamos tan solo de una hibernación temporal, un lapsus donde, aunque lejos de perder la pasión o la creatividad a la hora de hablar sobre todo tipo de juegos, el blog ha estado en suspenso. Hoy regreso, espero que ya para seguido, con un personaje tan entrañable como relativamente desconocido, aunque tremendamente carismático: Bubsy, un lince de lo más chulesco y atrevido cuya carrera, desafortunadamente, fue corta y con tendencia a la caída inexorable al vacío.

Con dos primeras entradas en los 16 bits relativamente exitosas y, eso sí, de gran calidad, les siguió una versión para la Atari Jaguar, a la que no he jugado, y posteriormente, el juego que machacó todo lo bueno que Bubsy tenía: el vergonzoso Bubsy 3D, ejemplo clarísimo de la hecatombe que supuso convertir viejas franquicias que nacieron en dos dimensiones a las 3D de las nuevas generaciones de consolas. Totalmente indigesto y olvidable, así que vamos a dedicarle unas líneas al que probablemente fue el mejor capítulo, de nombre completo “Bubsy in Claws Encounters of the Furred Kind”, lanzado en los primeros años de Super Nintendo y que contó con una publicidad bastante superior a la esperada para un juego que apareció desde cero.

TRAMA:

Aparte de que se aleja bastante de los clásicos plataformas para cualquier consola, lo más interesante de esta trama es lo desternillante de su concepción, los estrafalarios personajes que la protagonizan, la chulería de nuestro protagonista gatuno, el introducir extraterrestres, naves y demás elementos de ciencia ficción… El desarrollo puede que nos resulte más convencional, pero desde luego el marco en el que todo está creado es digno de análisis. La presentación y narración que se hace de esta en el manual del juego no tiene ningún desperdicio, es una historieta de cómic que nos cuenta, con viñetas y dibujos cargados de mordiente humor e ironía como una raza alienígena obsesionada con lana, poliéster, rayón… fibras textiles en general, busca invadir la tierra para apoderarse de cualquier ovillo que pueda haber en la superficie.

Y esto es algo que, por supuesto, Bubsy no piensa consentir, él, que es un defensor de la naturaleza y de los seres más vulnerables de la Tierra. Tenían en el punto de mira el planeta equivocado, porque, aunque fuese a base de mamporros y pisotones, las idolatradas bolas de lana de nuestro lince protagonista iban a continuar en su sitio. Tras un desafortunado primer encuentro con los woolies (que así se llaman los habitantes del planeta Rayon), Bubsy clama venganza, cosa que piensa obtener a lo largo de 5 mundos, divididos en 3 fases cada uno, más una última fase final en el espacio exterior, en la guarida de los Woolies.

GRÁFICOS:

Siempre he pensado que la paleta de colores que utiliza este Bubsy es, por algún motivo, distinta a la mayoría de juegos de su género, que le otorga una personalidad bastante distintiva. También el diseño de los sprites, fondos, elementos decorativos… todo me ha parecido siempre bastante personal, algo que, con un poco más de empeño por parte de los autores de esta corta saga, podría haber ido adquiriendo más fuerza con el tiempo para convertirse en algo más próspero de lo que en realidad llegó a ser. Las fases poseen grandes destellos de originalidad, figuras
gigantescas, como las casas del primer nivel, larguísimas lianas, el enorme tren, o la estructura metálica de la nave del último nivel. Bubsy se mueve con gran fluidez, es puro dinamismo. Otra cosa es que el control muchas veces nos pueda jugar muy malas pasadas, pero su animación es fantástica al realizar todas las acciones de las que es capaz, y no solo para atacar o defenderse, si no también animaciones a la hora de morir o estamparse contra una pared por exceso de velocidad.

El Scroll se mueve con relativa suavidad, no hay saltos bruscos ni temblores, pero la velocidad que alcanza puede derivar en varias meteduras de pata si no vamos con cuidado y utilizamos convenientemente los botones L, R, arriba y abajo para aumentar el campo de visión de Bubsy y así anticiparnos a enemigos y trampas. Cada fase fue creada partiendo de una idea totalmente distinta. La variedad se puede observar en las imágenes insertadas en esta review: un siniestro parque de atracciones, un profundo bosque o un árido desierto, por donde nuestro amigo felino debe recoger las coloridas bolas de lana que encuentre a su paso. El diseño y tamaño de estos niveles es impresionante. Nada de fases lineales donde solo haya que avanzar. Aquí tenemos muchísimas pantallas por cada fase, pero no solo a lo largo, también por lo alto y por abajo.

El elenco de enemigos también es encomiable. En este punto veo otro de esos aspectos tan extraños y tan diferentes del juego. Por ejemplo, los enemigos del segundo mundo que aparecen de las carpas… ¿a quien se le ha ocurrido crear estos seres tan surrealistas? En cada una de las fases los mismos woolies se adaptan al entorno, por ejemplo, usando escafandra. Todo ello, claro está, envuelto siempre por un sentido del humor bastante picante y en ocasiones absurdo. Unos gráficos coloristas que entran por la vista con unos personajes grandes y bien animados, unos fondos muy artísticos con varios planos de scroll y una velocidad frenética que habrá que saber aprovechar tan solo en su justa medida.

SONIDO:

Si técnicamente el apartado gráfico está realizado con un gusto y lleno de detalles visiblemente atractivos, lo mismo se puede decir del sonido en general de este juego, tanto su calidad como su estilo lleno de originalidad van de la mano con el espíritu general del juego, sin resultar un aspecto secundario, ni la música, ni los efectos de sonido, a los que se ha dado un sobresaliente protagonismo, al menos comparado con otras aventuras de su misma especie. Bubsy es un animal lleno de simpatía a la que acompañan decenas de sonidos. Desde el clásico salto o aterrizaje sobre alguna cabeza enemiga, hasta otros como topetazos contra la pared, derrapes forzosos o el sonido descendente que implica ir deslizándose por un canal de agua. Los ovillos de lana también producen sonidos de lo más simpático. Pero sin duda lo más tronchante es la frase que el propio lince pronuncia al principio de cada fase, clara, entendible, realista y divertida.

Probablemente si le has dedicado muchas horas al juego, acabarás aborreciendo muchas de sus canciones a lo largo de las 16 fases. ¿Quiere esto decir que son de mala calidad o fallan compositivamente? En absoluto, de hecho, todo lo contrario. Cada melodía, aparte de que se adapta perfectamente al lugar donde estemos, tiene una musicalidad que cuadra perfectamente con el humor del juego. Algunas de ellas son simplemente perfectas para la ambientación, como la del desierto o esa fantástica música country para el bosque. Por eso recomiendo escucharlas fuera del propio contexto del juego, para poder apreciarlas bien sin que la dificultad y el hecho de estar muriendo a cada minuto (literalmente) influya en nuestra opinión sobre ellas. En general destilan alegría y positivismo, animan a pesar de la dificultad y en alguna ocasión serán incluso más protagonistas que los propios gráficos, y el motivo principal para volver a insertar el cartucho en la consola.

JUGABILIDAD:

Si tuviésemos que buscar entre el catálogo de juegos de Super Nintendo una alternativa real y de calidad al Sonic The Hedgehog de su competidora Megadrive, esa podría ser fácilmente Bubsy, a pesar de que también apareció para la 16 bits de Sega, son dos versiones prácticamente iguales. Las influencias no se pueden discutir, y esto afecta tanto al aspecto gráfico como a la jugabilidad, aunque no precisamente al diseño de sprites o de los decorados. Vamos, que tampoco viene a ser una copia. Pero sí se pueden ver muchos detalles que recuerdan a las aventuras del puercoespín
azul. La velocidad de nuestro personaje puede llegar a provocar un gran descontrol sobre este, tanto, que no es aconsejable embalarse a mucha velocidad a no ser que antes hayamos “peinado” el terreno de más adelante, puesto que de otra forma, hay un porcentaje enorme de posibilidades que algo o alguien acabe con una de nuestras 9 vidas iniciales. Aunque en un principio parezcan muchas vidas comparándolos con otros juegos más conocidos, lo cierto es que estas, tal como vienen, se van. Hacer acopio de las camisetas (vidas) que encontremos será fundamental si queremos sobrevivir unas cuantas fases seguidas.

Al consejo anterior de moderar la velocidad e intentar ir con pies de plomo, debo unirle el de mirar bien arriba y abajo a la hora de hacer cualquier movimiento. Los enemigos aparecen de forma tan repentina que, antes de verlos, ya estaremos muertos, y esto sucede con muchísima frecuencia. Y sí, las primeras fases son un poco más sencillas, pero ni en estas se nos perdonará el más pequeño de los fallos. Aparte, las fases tienen una extensión monstruosa y son tremendamente abiertas en las dos dimensiones, lo que aumentará las probabilidades de morir de mil y una formas. Se podría decir, incluso, que es el propio jugador quien puede elegir el nivel de dificultad, dependiendo de si decide tomar las rutas más rápidas y directas hacia la gran bola de lana final (o hasta el jefe final) o desea perderse en busca de caminos secretos, puertas transportadoras cruelmente escondidas por los programadores o recónditos agujeros que, a veces, nos reportarán alguna sorpresa en forma de ayuda (otras veces, ni eso, lo que puede llegar a ser frustrante).

En muchas ocasiones la desesperación se adueñará de nosotros. El juego es terrible a veces, despiadado, y no nos deja pasar una. Podemos perder casi todas las vidas intentando ir por un camino absolutamente plagado de enemigos y trampas, y ni siquiera encontrar ni un solo punto de salvado. Menos mal que los enemigos eliminados desaparecen a la primera, porqué si no podría llegar a ser un infierno. El control no ayuda en absoluto, todo lo contrario, es posiblemente el apartado menos pulido del juego. Podemos dar saltos más o menos precisos, la habilidad de planear ayuda un montón, pero nada ni nadie nos salvará en una caída libre o ante trampas y enemigos prácticamente invisibles antes de “comérnoslos”.

CONCLUSIÓN:

Todo lo anteriormente nombrado, especialmente en los últimos párrafos, no hace que Bubsy sea un mal juego ni mucho menos. Sencillamente sucede que, el enfoque que has de darle antes de aventurarte con él, es el de un juego exigente, impasible, que no perdona… es cruel, sí, pero tiene muchos alicientes por los que darle una oportunidad, aunque no todo el mundo tiene tanta paciencia. Un juego programado para hacerte perder los nervios a las primeras de cambio, pero que por otra parte tiene muchas más opciones de juego que la mayoría de plataformas convencionales al ofrecernos fases de un tamaño varias veces mayor, con unas grandes posibilidades de exploración y muchos secretos por encontrar usando la perspicacia.

Mi historia con él fue al principio una relación de amor / odio. Fue un juego que añoré desde su misma salida, con unas expectativas tremendamente altas debido a las promesas que la publicidad hacía: un personaje carismático, unos niveles coloristas, variados y sobre todo gigantescos y una duración muy rentable. Lo compré ya casi al final de la carrera de la consola, y no todo fue como esperaba, se podría hablar de pequeña decepción, pero con el tiempo nos fuimos haciendo “buenos amigos”. Esta última vez me ha costado muchísimo terminarlo, pero ha sido gratificante, a pesar de los cabreos y nervios que ha supuesto. Ahora, extrañamente, lo echo mucho de menos.

Y como curiosidad, os dejo un video que no es ni más ni menos que el primer y único capítulo que se hizo de una hipotética y fallida serie basada en las aventuras de Bubsy, eso sí, para quien controle un poco el idioma inglés.



- Lo Mejor Del Juego: Un personaje moderno y carismático que sigue gustando a día de hoy. El aspecto sonoro es destacable, sobre todo su música. La velocidad que alcanza.

- Lo Peor Del Juego: Solo un golpe para morir provocará, aparte de ataques de nervios, que las vidas bajen a gran velocidad. Es terriblemente difícil y desesperante a veces.

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