domingo, 12 de febrero de 2012

Daffy Duck: The Marvin Missions

INTRODUCCIÓN:

Uno de los protagonistas de aquellas inolvidables y divertidas mañanas en las que ver los dibujos de la Warner en la televisión era algo casi sagrado es el héroe de esta aventura llamada Daffy Duck: The Marvin Missions. De aquello hace ya muchísimos años, cuando los dibujos animados aun tenían gracia. Movido en parte por el factor nostalgia y en parte por el precio del cartucho, decidí en su día comprarlo (creo que fue en un Continente) por ver si conseguía mantener la esencia de aquellos fantásticos capítulos de dibujos y proporcionarme el mismo nivel de diversión en mi Super Nintendo, por aquel tiempo en pleno auge. Lo cierto es que en un primer contacto no todo fue como esperaba. El control sobre el pato Lucas (o mejor dicho, sobre su alter-ego Duck Dodgers) resultó mucho más complicado que en la media de juegos de este estilo y la dificultad bastante elevada.

Sin embargo, pasado un largo tiempo, retomé la aventura y fue cuando definitivamente le encontré la gracia. De hecho, resultó ser tan adictivo que, en una época donde todavía mis padres controlaban el tiempo que pasaba delante de la consola, marcharon de viaje y me levantaba cada día a las 6 de la mañana tan solo para poder pasar el máximo tiempo posible saltando de plataforma en plataforma, avanzando fases y cargándome al mayor número de marcianos, robots y enemigos varios de la época futurista en que se desarrolla. Y me costó tanto sudor llegar hasta el final, que este juego quedó en un oscuro rincón del cajón hasta hoy día, cuando he decidido recuperarlo para mostrar aquí sus defectos y virtudes.

TRAMA:

Como en todas las aventuras de Duck Dodgers que vimos por la tele hace tanto tiempo, no es difícil deducir que el desarrollo se ambienta en una época futurista, más concretamente en el siglo 24 y medio, como se indica en los diarios que aparecen cada vez que terminamos una fase de las 5 que consta el juego, divididas a su vez estas en cuatro pantallas cada una. Tampoco es extraño que hablemos de su archienemigo el odioso marciano Marvin, como ya lo era en la serie de dibujos. Este le ha preparado a Duck toda una legión de enemigos de lo más estrafalario para que detengan su avance a base de rayos laser, escopetas de protones y enormes máquinas que hacen las veces de final boss.

Con todo esto, Marvin tratará de asegurarse de que el dichoso pato no arruine sus planes, que son su verdadero objetivo. Y este no es otro que cargar, una vez más, contra la tierra a la que quiere convertir en miniatura, secuestrar a todos sus políticos (lo que visto a día de hoy tampoco es tan mala idea jeje) y finalmente, hacerla pedazos con su gigantesco modulador de rayos. Y de ahí, a por toda la galaxia. Pero nuestro héroe no está por la labor de permitírselo y con la ayuda de su siempre fiel Porky que en la serie televisiva siempre le acababa sacando de apuros, aunque el mérito siempre se lo llevara el protagonista.

GRÁFICOS:

Si os gustan los tópicos, clásicas fases enrevesadas, ascensores futuristas, lugares inundados o selvas sobredimensionadas, no dejéis de echarle un ojo a esta aventura. Yo diría que la cosa va mejorando por fases. Si en primer lugar nos encontramos con la mil veces vista fase de lava, en la que la mayor parte del peligro consiste en caer al ardiente fuego liquido, poco a poco el juego nos irá mostrando paisajes mucho más interesantes y variados a la vista, como los helados y desquiciantes laberintos de la tercera fase o la mencionada selva que es el decorado de la penúltima fase, en donde seremos reducidos al tamaño de una hormiga y tendremos que lidiar, a parte de con estas últimas armadas con potentes armas, con monumentales plantas
enredaderas, peligrosos ciempiés explosivos y aclararnos con las decenas de niveles de altura para dar con el bueno que nos lleve a la salida. Hasta las moscas se convertirán en una amenaza. Los fondos de cada una de las fases cumplen bien con su cometido y complementan la estética de estas, rara vez teniendo distintos planos de scroll pero, como es el caso de la 4ª fase, ofreciendo lejanías de gran calidad. Aviso, por cierto, que Zsnes no lo emula del todo bien. De todas formas, yo lo he jugado con mi Snes.

Un punto a favor del juego son las animaciones, un aspecto que si se hubiese descuidado sabiendo que el personaje está sacado de una serie animada habría sido una catástrofe. Por suerte no ha sido así y el pato Lucas continúa más vivo que nunca en este cartucho, conservando su gracia al saltar, el retroceso al disparar su arma, esa atenta expresión de constante peligro en la mirada e incluso ese arrebato de locura que es su ataque especial, golpeando y aniquilando todo lo que aparece en pantalla. Todas son de gran calidad, incluyendo las de los enemigos, aunque estás no estén al mismo nivel de elaboración.

El espíritu de la Warner está presente en cada pixel. Incluso en algún lugar de la última fase, cerca ya de vernos las caras con nuestro mortal enemigo, nos encontraremos con un cameo de distintas estrellas de la compañía como Yosemite Sam o el Coyote. Aunque algunos de los final bosses no estén extraídos directamente de la serie original, tienen gran tamaño y buen diseño y son muy entretenidos una vez que se les ha cogido el tranquillo.

SONIDO:

Tampoco todas las melodías son heredadas de la serie de dibujos, pero aunque no es para nada el apartado más destacado del juego, muchas tienen algunos destellos de calidad. La primera fase, algo sosa en gráficos, no lo es menos con la banda sonora, casi ambiental, aunque en su favor hay que decir que es tensa y se adapta bien al espíritu del personaje. Luces y sombras en este apartado. Las voces digitalizadas de Duck Dodgers existen, lo cual no es poco. Cuando es herido, comienzan las fases, o cuando se vuelve loco lanzará su particular chascarrillo. Por otra parte, algunas fases tienen una estupenda melodía de fondo, como mis favoritas, la tercera y cuarta fase, que tienen un toque de jazz progresivo realmente disfrutable. Puede que haya diferencia de calidad entre todas ellas, pero en ningún momento son un bicho raro dentro del juego.

Una especie de marcha militar nos acompaña mientras hacemos las pertinentes compras antes de encarar la siguiente misión. Y por supuesto, no podría haber mejor introducción para el juego y para las fases que la clásica y añorada melodía “The Merry-Go-Round Broke Down” de aquellos inolvidables y nostálgicos cartoon que tanto nos hacían reír. Muchas se pueden llegar a hacer un tanto repetitivas en fases largas como la última, pero al final siempre desembocará en la original melodía que aparece una vez estemos frente a frente con el jefe correspondiente.

JUGABILIDAD:

Poder controlar al intrépido héroe ya es suficiente lujo como para, al menos, darle una oportunidad a este juego. El problema es que esto es relativo, ya que dicho control no es precisamente un camino de rosas como pueda parecer. Efectos como el retroceso, la inercia o los descontrolados saltos hacen que dominar al pato tal como queremos pueda llevar más horas de lo deseado. A esto hemos de añadirle otros factores, como por ejemplo, el erróneo diseño de algunas fases, demasiado laberínticas y liosas que no nos muestran con claridad el camino a seguir y lo deja todo en manos de
nuestra intuición. El scroll en ocasiones también nos jugará una mala pasada y nos impedirá ver de forma razonable el supuesto obstáculo o plataforma de la que depende nuestra supervivencia. Sin embargo, podemos tomarnos de dos formas la aventura. Una de ellas es ir a por todas, recoger todas las vidas extra, continuaciones, armas… (que obviamente es la más interesante) y la otra será ir a muerte con el único pensamiento de encontrar la salida por la vía rápida.

Pero un consejo te doy si piensas embarcarte en la odisea. Las prisas nunca van a ser un buen aliado en ella. Porqué si usamos este método, nos daremos mil y un tropezones con enemigos que aparecen de repente, fulminantes rayos laser que caen del techo, o vacios infranqueables que acabarán con nuestra vida y que acabarán desquiciándonos. Vale la pena hacer uso de nuestro jet pack para sortear estos últimos o encontrar pasadizos secretos, pero siempre con mucha mesura, ya que su combustible es muy limitado y si nos quedamos sin este, tardaremos mucho tiempo en encontrar más.

La dificultad no solo estriba en machacar enemigos y saltar de repisa en repisa (porqué, aunque tal vez no lo parezca, Daffy Duck: The Marvin Missions es un juego casi totalmente plataformero más que shoot’em up) sino también en racionar la munición y saber elegir para cada situación el arma adecuada de entre las 6 que podremos comprar / encontrar. Ni podemos matar a un final boss con nuestra endeble arma principal (de infinita munición, por cierto) ni tampoco usar a lo loco la destructiva pistola de
plasma. También la capacidad de orientación que tengamos jugará un papel fundamental a la hora de llegar a nuestro objetivo ya que como he dicho antes, el diseño de la mayoría de las fases es terriblemente laberíntico y desconcertante. No obstante a pesar de todo esto la dificultad no supera en exceso el límite de la media, aunque para terminarnos la aventura nos hace falta disponer de un buen rato por delante, ya que no tenemos la opción de usar ni passwords ni salvado de partida.

CONCLUSIÓN:

Coge tu silla habitual, asegúrate de tener la tarde libre y, ya puestos, un bowl lleno de palomitas pero esta vez, en lugar de divertirte con los dibujos de la Warner, para detener a Marvin en una aventura en la que nosotros mismos controlaremos a Daffy Duck. Si su control inicial te desespera, no tires la toalla y dedícale unas pocas horas más, acabarás dándote cuenta de que su poder de adicción es mayor del que en un primer momento pensaste. El destino de la galaxia está en tus manos y en las del ayudante Porky, que por cierto solo da la cara en la entretenida secuencia del final.

Aprende a usar el jet pack con cuidado para descubrir habitaciones secretas y con ello aumentar tus posibilidades de derrotar al maquiavélico Marvin en su empeño por reducir a pedacitos nuestro ya de por sí maltrecho planeta. Quizá no llegue a tener los asombrosos gráficos de uno de sus predecesores Bugs Bunny Rabbit Rampage o un control más estable como en Tiny Toon Adventures de la misma consola, pero conserva la esencia y ambientación futurista que siempre ha rodeado a este alocado personaje de la Warner que a buen seguro nos traerá grandes recuerdos a los más creciditos.

- Lo Mejor Del Juego: La gran cantidad de estancias secretas que tiene a lo largo de sus cinco fases. El diseño gráfico y algunas melodías son fieles a la esencia original, conservando su sentido del humor.

- Lo Peor Del Juego: El retroceso de nuestra arma y la complicada física del jet pack y algunas fases (como la acuática) pueden hacer la tarea más complicada de lo normal.

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